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Canaima Sky

Cesar Quijada - The Elements - Air

Canaima Heaven has a fragment of colors in each line of clouds. It looks like the reflection of the waters of Lake Maracaibo, the Atlantic waters between wisps of clouds seem to bring with sirocco iridescent plumage of a peacock. The sky changes colors like a chameleon, dyed green, sky blue and violet. It reflects Arabian waters where so many rivers, says Romulo Gallegos, the earth seems squeezed to give so many pure waters. Hundreds of streams that feed these great waters appear also reflected in the sky.
This sky, piece of Venezuela, has been parading hundreds, thousands of men from the tribes of fierce Caribbean, Spanish troops lost in the thicket of weeds trying to find a clearing in the dense jungle, up the ragged they walked along Bolivarian troops, dressed in what might be found in a ceaseless struggle, rather than against the Spanish enemy, against the forces of nature untamed. The Canaima sky might well tell a long story.
You can not talk Canaima sky, still talk about that novel Romulo Gallegos immense bearing the same name. The waters he says, but also heaven, seems colored by the blood of the rubber that dragged rivers tributary to the ocean. The sky is stained with Canaima Catatumbo lightning in Zulia, Maracaibo lake, feeding infinite launches with thousands of branches which color lights twilight.
That piece of sky Canaima, feeding foam Angel Falls, which also gives it its color. The palette of nature has been kind to this earth. This was in the early nineteenth century, leaving a Europe obsessed with blood and beheadings of Dr. Guillotin, a German named Alexander Von Humboldt. Cumana departed across the Upper Orinoco, watching nature here was more exuberant than in his native Germany. Humboldt, on a summer afternoon, fanning herself with some manuscript surely botany, had to contemplate this Canaima sky, thinking that perhaps nowhere else in the world can see these overtones of light clouds Venezuela only be decomposed, with those color dyes or Boticcelli got.

Cesar Quijada - The Elements - Air
Cesar Quijada – The Elements – Air
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Playing with Fire

Cesar-Quijada-The-Elements-Fire

El fuego es uno de los elementos más preciados. Es un estado volátil de la materia. Helios era la personificación  del sol para los griegos; para nosotros representa la vida en forma de millones y millones de centímetros cúbicos de radiación que llegan a nosotros cada ocho minutos. ¿Qué sensación tenemos al ver una fogata, por ejemplo? Sigue siendo parte este elemento de nuestro imaginario, de nuestros temores primitivos. En una remota época, sin duda, cuando lo descubrió el primer hombre, este se sentiría seguro de ser el elegido de los dioses creadores de todas las cosas.  Pronto le encontró utilidad: cocinar los alimentos, calentarse en las frías noches y ahuyentar las bestias que acechaban el refugio en las noches.

No podemos jugar con él. Prometeo, el primer rebelde de la historia, engañó a Zeus el padre de los dioses. El sacrificio del buey del que sacó la mejor parte para dejarles los restos de grasa a los dioses, hizo que el colérico Zeus, en castigo, le arrebatara a la humanidad su hallazgo más preciado: el fuego. Con el mundo a oscuras y las flamas oscilando en los vastos salones del Olimpo, Prometeo, el benefactor de los humanos, robó del carro de Apolo una lengua en una antorcha y la entregó a los hombres.

En venganza, por la segunda afrenta, el Zeus, hizo una mujer de arcilla y a través de su mensajero la hizo llegar a casa de Epimeteo, hermano de Prometeo. Este le dijo a Epimeteo que no recibiera ningún regalo de los dioses; pero Epimeteo se casó con Pandora y esta, abrió la caja donde todas las desgracias del mundo estaban guardadas. Como castigo Prometeo fue atado al monte Cáucaso. Por ser inmortal, el castigo de Prometeo consistía en que un águila le devoraba el hígado que todos los días se regeneraba de nuevo. Con la fortuna de que Hércules pasaba alguna vez por allí y decidió matar el águila de un flechazo. Libre de su castigo, Prometeo le reveló a Hércules, hijo predilecto de Zeus, como hallar el jardín de las Hespérides.

Y entonces se hizo el fuego, y el hombre decidió purificar su cuerpo tras la muerte haciéndolo cenizas, elevó plegarias a los dioses y los muertos en velas que representaban la luz eterna. El eterno misterio del fuego es como el del universo mismo y las estrellas, que según la antigua historia, eran puntos de llamaradas distantes que se podían ver a través del telar de la noche.