Cesar Quijada is a young Venezuelan documentary photographer based in Miami, lover of landscapes and animals, offers services in the area of wedding photography, product photography, event photography, pet photography and more.

Cesar QuijadaCesar Quijada
Cesar Quijada - The Elements - Air
agosto 25th, 2011

El Cielo de Canaima

El cielo de Canaima tiene un fragmento de colores en cada trazo de nubes. Parece como si fuera el reflejo de las aguas del lago de Maracaibo, las aguas del Atlántico que entre jirones de nubes parecen traer con el siroco un plumaje tornasolado de un pavo real. El cielo cambia de colores igual que un camaleón, tiñe de verde, azul y violeta el cielo. Es el reflejo de las aguas de mil y tantos ríos por donde, como dice Rómulo Gallegos, la tierra pareciera exprimirse para dar tantas y tan puras aguas. Cientos de arroyuelos que nutren esas grandes aguas también parecieran reflejarse en el cielo.
Este cielo, trozo de Venezuela, ha visto desfilar cientos, miles de hombres: desde las tribus de fieros Caribes, tropas españolas perdidas en la espesura de la maleza tratando de dar con un claro en la densa manigua, hasta los desarrapados que caminaron junto a las tropas bolivarianas, vestidos con lo que pudieran encontrarse, en una lucha incesante, más que contra el enemigo español, contra las fuerzas de la naturaleza indomable. El cielo de Canaima bien podría contarnos un cuento largo.
No se puede hablar del cielo de Canaima, sin dejar de hablar de esa novela inmensa de don Rómulo Gallegos que lleva el mismo nombre. Las aguas dice él, pero el cielo también, parece estar teñido por la sangre de los caucheros que los tributarios ríos arrastraron hasta el océano. El cielo de Canaima se tiñe con los relámpagos del Catatumbo que en Zulia, el lago Maracaibo, lanza al infinito alimentando con sus miles de ramificaciones las luces que tiñen el crepúsculo.
Ese trozo de cielo de Canaima, lo alimenta la espuma del Salto del Ángel, que también le da su color. La paleta de la naturaleza ha sido benévola con esta tierra. Aquí estuvo a principios del siglo XIX, dejando atrás una Europa obsesionada con la sangre y las decapitaciones del doctor Guillotin, un alemán de nombre Alexander Von Humboldt. Partió de Cumaná cruzando el Alto Orinoco, viendo como la naturaleza aquí era más exuberante que en su natal Alemania. Humboldt, en una tarde veraniega, seguramente abanicándose con algún manuscrito de botánica, hubo de contemplar este cielo de Canaima, pensando en que quizá en ningún otro lugar del mundo pueden verse estos visos de luz que sólo las nubes de Venezuela pueden descomponer, con esos tintes de color que ni Boticcelli consiguiera.

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