Cascada de Nubes

Una de las vistas más evocadoras que puedan tenerse, es la que se tiene desde la parte más alta de la zona montañosa en la que se encuentra ubicada. Particularmente en la mañana, al amanecer, es posible ver las diferentes tonalidades que como una paleta de un pintor se tiñen en el cielo de Caracas. Esta localidad declarada parroquia en 1987, sin embargo tiene una historia que se remonta mucho más atrás en el tiempo. Data de los tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez, con el fin de construir la represa de Maracao.

En vista de la necesidad de mover la población para emprender las obras, ordenó el desplazamiento de los habitantes de Antimanoy, Caracaya y Maracao; esta población flotante fue movida a una locación montañosa de El Junquito, Tiburón y Tiburoncito. El Junquito se encuentra ubicado a 23 quilómetros de la carretera que lleva a la ciudad de Caracas, específicamente al pueblo de la Colonia Tovar. Esta localidad, empezó a poblarse poco a poco al punto de contar hoy día con más de 25 urbanizaciones, en su mayor parte de casas y quintas convirtiendo esta localidad en un ciudad en miniatura.

El hecho de ubicarse en una ladera hace que las gentes tengan que subir y bajar todos los días para dirigirse a Caracas para las labores cotidianas. Su vista privilegiada sobre las costas del Mar Caribe venezolano, su clima perfecto durante una gran parte del año, amén de sus paisajes como el que puede verse en esta fotografía panorámica desde El Junquito, lo hacen un sitio perfecto como mirador natural. También es remarcable, la fertilidad del suelo que produce hortalizas frescas todo el año. Estas características particulares, como su servicio de transporte que asciende y desciende todos los días para llevar personas, hacen de El Junquito un paisaje de un particular color local.

Es célebre que al arribar a América los conquistadores, gran cantidad de inmigrantes italianos –que dice la leyenda, nombraron al país por su semejanza con el aspecto lacustre de la famosa ciudad italiana, como Venezuela, la pequeña Venecia– y portugueses, pusieron la piedra angular de muchas costumbres culturales europeas. Entre estas, estos últimos, instituyeron en la nueva colonia, el culto por la imagen de la Virgen de Fátima. Particularmente durante las festividades religiosas de rigor, como la Semana Santa, puede verse la riqueza de este acervo cultural dejado por gallegos, italianos y portugueses.

 

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