Playing with Fire

El fuego es uno de los elementos más preciados. Es un estado volátil de la materia. Helios era la personificación  del sol para los griegos; para nosotros representa la vida en forma de millones y millones de centímetros cúbicos de radiación que llegan a nosotros cada ocho minutos. ¿Qué sensación tenemos al ver una fogata, por ejemplo? Sigue siendo parte este elemento de nuestro imaginario, de nuestros temores primitivos. En una remota época, sin duda, cuando lo descubrió el primer hombre, este se sentiría seguro de ser el elegido de los dioses creadores de todas las cosas.  Pronto le encontró utilidad: cocinar los alimentos, calentarse en las frías noches y ahuyentar las bestias que acechaban el refugio en las noches.

No podemos jugar con él. Prometeo, el primer rebelde de la historia, engañó a Zeus el padre de los dioses. El sacrificio del buey del que sacó la mejor parte para dejarles los restos de grasa a los dioses, hizo que el colérico Zeus, en castigo, le arrebatara a la humanidad su hallazgo más preciado: el fuego. Con el mundo a oscuras y las flamas oscilando en los vastos salones del Olimpo, Prometeo, el benefactor de los humanos, robó del carro de Apolo una lengua en una antorcha y la entregó a los hombres.

En venganza, por la segunda afrenta, el Zeus, hizo una mujer de arcilla y a través de su mensajero la hizo llegar a casa de Epimeteo, hermano de Prometeo. Este le dijo a Epimeteo que no recibiera ningún regalo de los dioses; pero Epimeteo se casó con Pandora y esta, abrió la caja donde todas las desgracias del mundo estaban guardadas. Como castigo Prometeo fue atado al monte Cáucaso. Por ser inmortal, el castigo de Prometeo consistía en que un águila le devoraba el hígado que todos los días se regeneraba de nuevo. Con la fortuna de que Hércules pasaba alguna vez por allí y decidió matar el águila de un flechazo. Libre de su castigo, Prometeo le reveló a Hércules, hijo predilecto de Zeus, como hallar el jardín de las Hespérides.

Y entonces se hizo el fuego, y el hombre decidió purificar su cuerpo tras la muerte haciéndolo cenizas, elevó plegarias a los dioses y los muertos en velas que representaban la luz eterna. El eterno misterio del fuego es como el del universo mismo y las estrellas, que según la antigua historia, eran puntos de llamaradas distantes que se podían ver a través del telar de la noche.

 

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